miércoles, 19 de septiembre de 2018

Palabras Proféticas de Nuestra Señora de La Salette


Nuestra Señora de La Salette

Por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira


El 19 de septiembre de 1846, la Virgen se apareció a dos pequeños pastores, Maximin Giraud y Melanie Calvat. La bella dama, como los niños la llamaban, apareció en una actitud de profunda tristeza pidiendo oraciones y penitencia para ayudarla a prevenir que  el brazo de su hijo caiga sobre la humanidad por sus pecados. Nuestra Señora también reveló a los niños pastores un secreto. Como esta aparición tuvo lugar en el monte llamado La Salette, en la diócesis de Grenoble, Francia, una nueva advocación de Nuestra Señora pronto se extendió por todo el mundo. 



Ha habido tres grandes apariciones de Nuestra Señora en los últimos 150 años: La Salette, Lourdes y Fátima. En todas ellas la Iglesia aceptó la autenticidad de las apariciones y las hizo suyas, haciendo fiestas especiales para conmemorarlas. En cada una de esas tres apariciones de Nuestra Señora dejó un secreto. En todos ellas,  la Virgen se manifestó profundamente triste por el estado de la humanidad, y predijo un enorme castigo que vendría en el momento elegido.

Por tanto, en los últimos 150 años la Virgen ha adoptado una posición muy similar a la de los contra-revolucionarios. Todos ustedes saben que los miembros del Alto y Bajo Clero y muchos laicos católicos están muy contentos, que piensan que todo va bien. Si usted les dice que se esté preparando un castigo para la humanidad, ellos responden que esto es absurdo. Ellos afirman  que la religión está experimentando un progreso extraordinario. Al lado de esas personas nosotros parecemos sombríos y tristes. Hacemos el papel de los hipocondríacos pesimistas que no encajan en la atmósfera alegre y despreocupada de nuestros días, en la que se difunden mensajes optimistas y positivos acerca de todo.

Nuestro papel es algo difícil, porque siempre es difícil predecir y anunciar castigos a una humanidad enfocada en el disfrute de la vida. No es de extrañar que muy poca gente esté dispuesta a creer y seguir nuestras perspectivas políticas y religiosas con respecto a eventos que manifiestan un creciente triunfo de la Revolución. Ellos no quieren oír hablar del gran castigo que Dios está preparando. Como Nuestra Señora misma trajo tres mensajes importantes que no fueron aceptados, no es de extrañar que nuestro apostolado también no sea bien recibido. Esto es característico de todas las épocas que toman el camino equivocado.

Cuando la gente oye a alguien decir que van por el mal camino, no escucha. Ésta es la razón por la que vienen los grandes castigos.  Si las personas escuchasen, y se convirtieran, el castigo sería evitado. Es precisamente porque no abren sus almas al mensaje por lo que la catástrofe se hace inevitable. El hecho de que ellos no crean en los mensajes de la Virgen, es la razón por la que dichos mensajes se hacen realidad.

Alguien podría objetar: Ciento cincuenta años ya han pasado y no ha pasado nada. Sostengo que  estos mensajes se han cumplido in ovo (en el huevo; en su semilla) comenzando  los grandes castigos. Nuestra Señora se apareció en La Salette en 1846; en 1870 comenzó la guerra Franco-Prusiana como resultado de la rivalidad entre Francia y Alemania. Esta rivalidad llegaría a su apogeo en 1914 y fue la causa más profunda de la Primera Guerra Mundial, así como de la Segunda Guerra Mundial. Las hostilidades de la Segunda Guerra Mundial todavía no se han resuelto completamente y la perspectiva de una tercera guerra mundial se encuentra en el horizonte. Una posible tercera guerra mundial con su apocalipsis nuclear podría muy bien ser el comienzo del gran castigo predicho en La Salette y Fatima.

En la víspera del Diluvio, las nubes amenazaban y la gente seguía en  sus diversiones decadentes.

Los grandes castigos de Dios desafían la paciencia de los pocos que son fieles. El ejemplo más característico fue el diluvio cuando  todo el mundo se reía de Noé porque construía el arca esperando un gran castigo.

Le tomó 100 años completar su trabajo, y luego vino el diluvio. En aquellos tiempo, Noé podría haber sido tentado con el pensamiento de que se había equivocado y que la gente que se reía de él estaba en lo cierto. Sin embargo no desiste en su trabajo. Se mantuvo fiel al mensaje que recibió de Dios y siguió preparándose para el castigo. El hecho de que tardase un largo tiempo no significaba que no iba a venir; más bien, significaba que sería un enorme castigo.

Nuestro Señor predijo que el templo de Jerusalén sería destruido. Cuando murió, un terremoto lo sacudió y el velo del Templo se rasgó por el medio. Algunos muros quedaron dañados, pero el templo se mantuvo de pie.

Pasaron decenios, pero la profecía no se cumplió. En ocasiones los fieles de Jerusalén pensaron que las señales ya anunciaban el castigo inminente, por lo que huyeron a las montañas, tal como Nuestro Señor les había aconsejado que hicieran. Sin embargo, no pasó nada y volvieron a su vida normal, quizás un poco decepcionados. Luego, 40 años después de la muerte de Nuestro Señor, y aparentemente por casualidad, un soldado del ejército de Tito lanzó una antorcha a una de las ventanas laterales del templo. Inmediatamente comenzó el fuego extendiéndose rápidamente y envolviendo todos los edificios. Entonces, en verdad, ni quedó ni una piedra sobre otra, tal como Nuestro Señor lo había predicho. Después, el Templo nunca fue reconstruido. 

Nuestra Señora llora por los pecados de la humanidad y predice un castigo.


Debemos estar convencidos de que hemos sido elegidos para estar entre los pocos que escuchan la voz de la Virgen y esperan el castigo que Ella predijo. Estos hijos queridos deben dar prueba de su amor. Ellos deben dar prueba de su fidelidad antes de que se cumpla la palabra de Dios. Esta es la situación en la que estamos. No sé cuántos años habrá que esperar para que se cumplan los anuncios de La Salette y Fátima, pero al final  tendrán que cumplirse. A veces pensamos: “Ahora tiene que venir, porque es imposible que la situación llegue a ser peor.” Pero el castigo no viene. Los comunicados tempestuosos del cielo sólo son unas gotas de lluvia que las nubes disipan. Pero después el cielo ya no es tormentoso… Entonces la gente se ríe de nosotros. Debemos acordarnos de Noé. Cuando la lluvia finalmente cayó, entonces fue el diluvio. Para que confiemos en contra de las apariencias y creamos después de todos los retrasos, Dios ofrece a aquellos a los que Él eligió su alianza. Esta es la gran enseñanza de La Salette. 

Este es el espíritu que debemos pedir en el día de Nuestra Señora de La Salette: tener una confianza ciega en su promesa y estar seguros de que vendrá su cumplimiento.


Nuestra Señora de La Salette, apartad de nosotros la justa cólera de Dios!

Nossa Senhora de Fátima, ten pena de nosotros!

Nuestra Señora de Lourdes, curad nuestros corazones pecadores!

Nuestra Señora de El Buen, perdonadnos y salvadnos!

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